La mujer de mis sueños se escapó de mi cabeza hace tiempo para ocupar un sitio real. Esa idea tan hermosa de utopía, tomó forma de mujer... pero no de cualquiera.
En los espejismos de mi cabeza veía su clara cabellera, ondeando con el viento, tentándome caer en su delicada seducción. Los finos rasgos de su rostro me hicieron pensar una vez más en su orgulloso creador, y en el lugar justo que le daría a su obra de arte... el lado izquierdo de mi cama, mi habitación, mi corazón y mi vida. Al pensarla, muchas veces sentí que me iba, que sólo divagaba y que tanta virtud junta no existía; de sólo soñarla, ya la conocía. Yo podía describirla, dibujar su rostro donde sea, me parecía incluso oír su voz en el aire. Desde el día que se materializó sólo imagino el sabor de sus besos, el calor de sus abrazos de amante, la textura y lo adictivo de su piel.
Cada día pensando cuando podré volverla a ver. Sentirla más real, tomarla entre mis brazos y no soltarla jamás, decirle cuánto la esperé y que mientras viva, ella es la mejor idea que tuvo mi cabeza adolorida.
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