Rastros

sábado, 3 de noviembre de 2012

Siempre vuelve a ser diecinueve

No es que las calles tengan la culpa, ni los rincones recorridos, ni las horas a tu lado; la nostalgia es más que eso. ¿Cómo olvidar tus grandes ojos fijos y verdes incrustándoseme en el alma? ¿Cómo, si me retenías llegada la hora de mi partida, y tan pronto me dejaste ir? Creo que nunca podré saberlo, aunque tú por dentro si sabes. Tú sabes con qué motivación me mirabas y con qué sensaciones, sabes que con tus besos de ambrosía controlabas mi vida en ese lapso de tiempo y espacio en el que tuvimos lugar en la compleja tela de la historia.
Nunca di más de un codo, pero te entregué algo importante: el cambio, la satisfacción y el vacío. El circo de neuronas y pensamientos utópicos de mi gastada cabeza.

Sí, la de la foto soy yo:D

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